diumenge, 22 de maig de 2011

PENYORA

Prevengo a mi querida Nuria sobre el trabajo que está realizando a partir de los pegotes de chicle que encuentra por la calle, realmente es para prestar atención...
Recuerdo que un día caminaba alegremente acompañado del sabor de un chupa chup de fresa y encontré uno de estos pegotes con cierto relieve, era negro, pegajoso y desagradable. Con el palito del chupa lo escarbé con cuidado y pude ver un pequeño objeto que emergía de su interior. Escarbé un poco más y pude comprobar que se trataba de un diente de grandes proporciones, lo observé con cuidado y pude deducir que se trataba de una muela de gorila, un gorila de grandes proporciones; ¡fue sorprendente!
Pensé que se trataba de una muela de King Kong; por fin se habia escapado de la isla Calabera. Al final de las conjeturas pensé..., se habrá decidido por la acción, acosado por la soledad se habrá comido a la bella de una dentellada. Quiero pensar que la bella, siempre tan peripuesta y distraída, debía estar masticando chicle como el que deshoja margaritas y -¡ñam!-, la devoró íntegramente sin inmutarse.
Digo yo que debió pasar así; la verdad es que de la bella nunca más se ha sabido nada.
Del sorprendente hallazgo no me he repuesto y deduzco que hay que tener mucho cuidado con lo que se lleva uno a la boca, máxime si se encuentra en la calle en forma luto negro...